¿Dónde están esos hombres buenos?

Hay un liberalismo aspiracional, que tiene más que ver con la construcción del carácter de sus líderes que con el diseño de políticas, de constituciones y de instituciones. El Papa formuló una idea similar en su discurso en el Congreso


Elena Herrero Beaumont

El hartazgo generalizado que sentimos todos ante la nauseabunda corrupción de nuestros políticos nos conduce a pensar que la condición humana no tiene remedio, que somos una especie repugnante y que nadie se salva.

Hoy la valiente periodista Ketty Garat nos relata en su último libro Todos los hombres de Sánchez (Deusto) la avaricia, idiotez, arrogancia y sorprendente ceguera de los dirigentes socialistas que rodean a nuestro actual presidente. En el pasado otros periodistas hicieron lo mismo con los líderes de su tiempo. Y otros lo harán con los del futuro. Parece instalarse como un principio inquebrantable la idea de que el destino inevitable de cualquier aspirante a gobernar consiste en meter la mano donde no debe.

Frente a este panorama desolador, tuve recientemente la agradable experiencia de desayunar con D. Antonio Garrigues Walker en su nuevo despacho de las Torres de Colón. A sus 92 años, el jurista no ha perdido la costumbre de acudir cada día a trabajar, prueba de la gran vitalidad intelectual y física que siempre le ha caracterizado.

Leer el artículo completo en El Mundo